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Ministerio de Cultura y Juventud

Fecha de última actualización: 09/06/2017

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"Soy muy apasionada y no tengo temor de mostrarlo"

          Presentaciones se brindarán en Heredia, Cartago, Alajuela y San José

San José, 10 de mayo de 2017. Para Arabella Salaverry cruzar el túnel Zurquí con rumbo al Caribe, donde está su casita de veraneo, equivale exactamente a una inyección de hormonas. El calor y la exuberancia de la zona ejercen sobre ella poderes mágicos e inmediatamente es capaz de percibir al mundo más intensamente. Olores y sensaciones la golpean cual las olas de ese mar. Las ojeras desaparecen y se desinflaman sus mejillas de pómulos altivos. Rejuvenece; eso dice.

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"Es un tema geográfico, no es una metáfora. Es efectivo, me transformo", aclara la escritora, actriz y gestora cultural, quien recibirá el 22 de mayo próximo el Premio Aquileo J. Echeverría 2016 en la categoría Cuento, por su obra Impúdicas.

Salaverry se autodefine como una mujer apasionada. Probablemente la impronta de sus años de infancia y adolescencia vividos en Limón, junto al ambiente creativo que respiró en su casa materna, determinaron así su espíritu.

"Soy muy desbocada, de pronto hablo más de lo necesario. Soy muy apasionada y no tengo temor de mostrarlo y creo que todo ese apasionamiento es herencia caribeña. No tengo la discreción de una dama criolla josefina", celebró con su risa. "Para mí el Caribe es no tener paredes que te agoten, estar frente al mar es vivir con el corazón abierto hacia el horizonte. Esa apertura hacia el otro y hacia afuera, creo que es donde más se expresa mi ser caribeño", indicó.

 

Ese "apasionamiento" la llevó a estudiar Filología, Literatura, Artes Dramáticas y Danza. Una artista innata, pero que también tuvo "la suerte de nacer en una familia de locos" donde estimularon su creatividad. Desde los 6 años de edad, en su idílico Limón, Salaverry jugaba a danzar en un escenario y a los 11 se plantaba en otro con los versos de García Lorca. A los 18 sus propios versos fueron publicados en un medio nacional y debutó en una obra de teatro. Actualmente, tiene nueve libros publicados; ocho de poesía e Impúdicas (Uruk editores, C.R, 2016), su primera publicación de narrativa.

 

Cinco décadas en el teatro, con actuación en una treintena de obras, complementan la trayectoria de Salaverry, quien en 2013 fue reconocida por el Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ) como "Pionera del Teatro en Costa Rica", entre otras varias distinciones donde destaca su reciente designación al Premio Aquileo J. Echeverría 2016.

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A propósito de este galardón, la Oficina de Prensa y Comunicación del MCJ conversó con la artista en torno a la obra premiada, sus principales intereses y su quehacer como escritora. Seguidamente la entrevista.

 

¿Es la sensualidad del Caribe una fuente de inspiración de su obra literaria?

 

Creo que sí. La poesía, por ejemplo, está muy salpicada de esas vivencias e Impúdicas originalmente pretendió ser historias de mujeres en el Caribe; igual prácticamente todas las historias transcurren ahí. Esa presencia está muy fuertemente marcada. Ahora estoy terminando mi segunda novela, que es la historia de una familia a través de cinco generaciones de mujeres, esa sí ubicada totalmente en Limón, desde la construcción del primer asentamiento, hasta lo que es el Limón actual.

 

 

Después de una larga trayectoria como poeta, ¿cómo se transita hacia la escritura en prosa?

 

No ha sido un tránsito tan inmediato. Por ejemplo, en Impúdicas hay un cuento, Aura, que en 1971 ganó un premio en Venezuela, varios de los cuentos ya habían sido diseñados, talvez no trabajados a profundidad. Creo que el tránsito es más bien de orden práctico, organizar un libro de narrativa requiere de mucha más dedicación, más tiempo, no solamente en cantidad, sino en intensidad. La poesía requiere de mucho tiempo también, pero me es posible dedicarle espacios más reducidos. Una está en el tema de la familia, los hijos y muchas veces no encuentra ese espacio suficiente para desarrollarse o desarrollar los temas que se plantean desde la narrativa, por eso, recién es que aparece obra publicada.

El premio Aquileo J. Echeverría lo recibe por Impúdicas, ¿cómo asume este reconocimiento?

 

Todo reconocimiento es una gran alegría desde el punto de vista personal. Es un profundo estímulo, pero este premio, por este libro, creo que tiene un doble valor porque se está premiando un libro escrito por una mujer hablando de temas que atañen a la condición femenina. Entonces, que se reconozcan estos aspectos en un trabajo literario, personalmente me gratifica muchísimo ya que una constante en toda mi obra ha sido, justamente, el trabajo sobre temas de género.

 

Los cuentos de Impúdicas parten de las vivencias, reales o ficticias, de varias mujeres ¿por qué decide contarlas?

 

A partir del título, para tener la impudicia de hablar de lo que se calla. La referencia a impúdica es esa: hablar de lo que habitualmente se calla y hablar desde la voz de una mujer. Son historias, algunas recogidas, algunas escuchadas, algunas vividas por personas muy cercanas; pero todas transmitidas desde una profunda empatía. Alguien me preguntó que si era autobiográfico, bueno, ya me habría suicidado, pero creo que aun cuando no las viviera directamente, son muy cercanas por las emociones que me provocaron al escucharlas, al leerlas -porque algunas parten de una noticia en la prensa- y siempre desde un profundo dolor por las diferentes situaciones extremas por las que pasan las mujeres. El libro se fue decantando en esa dirección, inicialmente quería hablar del Caribe ideal de mi adolescencia e infancia, pero luego fue tomando un cariz distinto, como que los libros se conducen ellos solos y las historias se fueron organizando.

 

 

 

¿Qué puede adelantar sobre su primera novela? ¿Existe alguna relación entre esta obra e Impúdicas?

 

 

En toda mi literatura hay una tendencia muy clara a tratar temas que atañen a la mujer. Es una novela de crecimiento, de formación. Es la historia de una adolescente que se involucra en una relación con una persona bastante mayor, pero que la guía a través del conocimiento y del arte, y una serie de relaciones posteriores muy dolorosas en donde la figura femenina siempre sale lastimada quiérase o no. Es un poco denunciar esta fragilidad a la que la sociedad somete a la mujer, porque estamos muy expuestas aun cuando hemos avanzado. Seguimos estando muy vulnerables y creo que la novela es un aporte porque denuncia y habla de situaciones extremas por las que pasa una mujer, en algún sentido lo mismo que sucede con Impúdicas. El hilo conductor es ese gran amor condenado al fracaso, pero es un pretexto para mostrar estadios de mucho dolor por los que puede atravesar una adolescente y una mujer joven en nuestras sociedades. Está ambientada en los años 60, con el gran telón de fondo de los movimientos sociales que existían en América Latina en ese momento. Es también una novela de viaje.

 

¿Qué tanto considera que las palabras que provienen del campo de la literatura son armas eficaces contra el patriarcado?

 

Pues no sé qué tan eficaces, pero sí son armas y desde cualquier flanco desde el cual se le dispare creo que es válido. No sé qué tanto, porque no puedo medir cuánto trasciende lo que una puede decir, pero sí considero que es importante decirlo. Tengo la dicha de que el teatro también me acompaña, entonces cuando hago un recital, cuando veo que hay una recepción importante de parte del público que se abre a lo que está escuchando, por lo menos si muevo a dos o tres personas cuando hay 50, estoy cumpliendo con lo que siento que tengo que hacer y desde esa perspectiva sí creo que es un privilegio expresarme.

 

¿Cuál es su principal tarea como escritora?

 

Ayer estaba conversando con una estudiante de Historia que eligió el tema de la poesía erótica como investigación, le decía que no es poesía erótica lo que yo escribo. Es más empoderamiento, en algunos casos del erotismo, para que la mujer se sienta plena y con derecho a; además de poesía social, poesía ontológica, poesía de otros órdenes.

 

Las mujeres, cuando nos referimos a nuestro erotismo, a nuestra sensualidad, inmediatamente nos encasillan; "ah esa señora escribe poesía erótica" y eso conlleva en algún sentido a descalificación. Los hombres pueden escribir poesía erótica, de hecho Neruda -además de su poesía social-, la amorosa y erótica es una maravilla, por ejemplo, y nadie le dijo viejo cachondo a ninguna edad, en cambio a las mujeres siempre nos ven con una especie de sorna, diría yo: "¡ah... mirá!, escribe poesía erótica". Y en algún sentido esto es una descalificación también.

 

¿Cuáles han sido sus principales retos como mujer escritora?

 

Creo que es el de todas las mujeres escritoras que tienen familia: conciliar la necesidad de espacios propios con el tema familiar siempre es muy difícil, porque no siempre coincide el impulso que una tenga de sentarse a trabajar con las necesidades del resto del conglomerado familiar. A veces hay que deponer la necesidad imperiosa, porque cuando una decide escribir es una necesidad y a veces no se puede satisfacer, de hecho yo pasé casi 25 años en que no publiqué, en que me negué esa parte. Hacía teatro eventualmente, pero toda esa parte donde me encuentro como ser humano, donde mi creatividad aflora y fluye, que es en la literatura, no pude ejercerla. No publiqué porque no tenía el tiempo de llevar un libro a una editorial o de sentarme a organizar. Escribía y escribía porque las vivencias siempre te alimentan, pero el conciliar familia y creación literaria, a mí me resultó complicado.

 

¿Qué necesitan las mujeres para desarrollarse en campos creativos como la literatura con mayor tranquilidad?

 

Las mujeres escribimos antes de los hijos y después de los hijos. Cuando la responsabilidad no es tan inmediata una se puede dedicar más. Siempre cuento la anécdota de García Márquez, que aun en las situaciones económicas más precarias, la mujer le ponía la rosa al frente, la máquina de escribir, la resma de papel y le decía: "usted escriba" y ella se dedicaba a resolver todo. ¿A cuál mujer le pasa eso?

 

Producción - Oficina de Prensa y Comunicación - MCJ / Consecutivo 152 / LLV / 10-5-2017

 

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