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Ministerio de Cultura y Juventud
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Ministerio

 

¡Celebramos nuestro 40 Aniversario!

 

 

 

 Región de Acordeón

Manuel Obregón López, Ministro de Cultura y Juventud

 

En 1950, cuando la Universidad de Costa Rica solicitó presupuestos más amplios para fortalecer las distintas facultades y construir edificios, de algunos sectores políticos salió la oposición a esa solicitud argumentando que era más barato y de resultados culturales superiores crear un fondo de becas para que los estudiantes fueran a graduarse a México, Argentina, Estados Unidos o Europa, en vez de reforzar nuestra universidad.

 

Fue Rodrigo Facio quien defendió con pasión la necesidad de las universidades nacionales, manifestando que los centros de educación y cultura tienen como misión, además de difundir el conocimiento y darle un espacio mayor a las artes, la misión de sustentar las tradiciones centenarias de los pueblos y la vinculación armónica de la cultura universal con la cultura propia de cada pueblo. Que eso era un deber patriótico y propio de la universidad.

 

Cuando hace 40 años don José Figueres y don Alberto Cañas pensaron en fundar el Ministerio de Cultura, posiblemente tuvieron en cuenta esa preocupación patriótica de difundir la cultura, en otro ámbito, quizá menos académico, y salir, asimismo, al encuentro de eso que con propiedad llamamos entidad nacional, como algo que está más en el entendimiento que en la realidad, como el valor y la esencia de las tradiciones y costumbres de los pueblos; con esa vinculación de hombre y tierra, de siembra y recolección.

 

Tal vez por eso, al conocimiento y a la creación se los llama cultura, vocablo que viene del suelo, de agricultura, del esfuerzo del hombre por producir, primero, los frutos de la tierra, y posteriormente los del espíritu y la razón.

 

Comenzamos cultivando la tierra y después la inteligencia, para terminar afirmando con propiedad que "la suma de las creaciones humanas acumuladas en el transcurso de los años, es lo que podemos entender por cultura". Y si lo particularizamos, es posible afirmar que la cultura de una persona siempre está en relación directa con el medio en el que vive.

 

En la pequeña historia del Ministerio de Cultura (afirmación que hago sin demeritar la obra  fecunda de los ministros que me han precedido) la época que ha dado mejores frutos pienso que está en los primeros cuatro años que dirigió don Albero Cañas. El Estado, a través del Ministerio, se hizo presente en las artes, en la literatura, en el teatro, en la publicación de libros y revistas. Ahora los presupuestos se han reducido y el campo de acción es más estrecho, pero seguimos con el impulso original de mejorar la calidad de vida de la población acercándola al arte, a la literatura y la ciencia.

 

Poco a poco vamos aceptando que la inversión en cultura es imprescindible si entendemos bien en qué consiste el desarrollo de un país, que no puede ser tal si todo lo que significa la cultura no está al alcance de la mano de los pueblos.

 

El Ministerio de Cultura ha de ser como parte de un largo puente que une lo que consideramos cultura de élite con lo que significa la cultura popular, y qué tan sensible puede ser un costarricense normal al escuchar el "Adiós a la vida" de la ópera Tosca de Giacomo Puccini cantada por el mejor tenor del mundo, que "Amor de temporada" interpretada por un guitarrista guanacasteco en noche de verano.

 

Con este criterio, bien podemos hablar de fortalecimiento de la entidad nacional, de la necesaria participación de la juventud, de la cooperación internacional y de la democratización cultural.

 

Invertir en cultura es invertir en bienestar general, en la paz, en democracia, en desarrollo verdadero de los pueblos. El valor de un hombre no está en su apellido ni en su alcurnia, sino en lo que sabe, en lo que conoce, en lo que puede hacer por el bien de su país, esa virtud adquirida de preocuparse por el bien, ampliando su nivel cultural y afirmando sus bases espirituales y morales.

Saber que hay culturas superiores en otros ámbitos del mundo, pero que la mayor preocupación de un ciudadano ha de ser la de formar parte de su propia nacionalidad, respetando sus tradiciones y costumbres con la esperanza de un futuro mejor para su país.

 

La cultura es así como un esfuerzo superior que los hombres agregamos a la naturaleza. "Es obra del espíritu y de la libertad, pero también de la razón y las virtudes", como bien lo afirma Jacques Maritain en su libro "Elementos de Filosofía".

 

La obra cultural es un producto de hombres superiores y de pueblos; de poetas y de agricultores; de filósofos y de obreros; de sinfonías en los teatros europeos y de Jazz cadencioso y bullanguero en las calles de Nueva Orleáns; de místico canto gregoriano y de erótica canción popular.

Iván Rodríguez R. Viceministro de Cultura

Es primordial partir del concepto de cultura como motor de desarrollo social, económico y humano.

 

La cultura no es el acto entretenido de la velada, no es el ornamento de la estructura, ni se limita al objeto precioso de una exposición o a la obra construida. Esta pareciera una noción de cultura superada, sin embargo no es así cuando se deja de poner en perspectiva lo esencial: que la cultura genera en la economía de un país, que es fuente de trabajo, de una mejor calidad de vida para sus ciudadanos, entre otras cosas por su modo peculiar de vincular el arte con la industria, con el emprendedurismo, con el turismo, y con otras múltiples actividades humanas.

Después de 40 años, sabemos que no todo lo que un Ministerio emprende en el sentido de fortalecer este vínculo es visible. Los cambios en su dirección (tanto puestos directivos como directrices a seguir) cada cuatro años, aunados a un vacío en el tema de políticas culturales de largo plazo, hacen que los Ministerios tengan que fijar sus prioridades según una escala más cercana a la de lo visible o palpable que a la de los cambios y avances conceptuales que permitirían fijar dichas políticas.

 

Por más espectáculos y festivales a los que nos aboquemos, los cuales cumplen una función importantísima no sólo por la exposición mediática que dan al Ministerio, lo sustantivo es revisar los cimientos de la institución, romper de una vez por todas con la manera casuista de hacer cultura y establecer una política cultural, lo cual implica, como primer paso, lograr la aprobación de una Ley de Cultura.

 

Esta Ley debe ser coherente con los retos y objetivos de una noción de cultura como la que enunciamos al inicio.

 

Ese podrá ser, desde mi punto de vista, uno de los principales legados de la gestión del Ministro Obregón.

 

En la actualidad, uno de los mayores retos ha sido trabajar con un contenido presupuestario reducido.

 

Las posibilidades de dejar obra en el sentido que constantemente se pide, obra material, construida, se dificultan de una manera mucho más crítica que en años anteriores, pero entonces, en la mayor sintonía con este contexto tan difícil, debemos encontrar la posibilidad de dejar obra en proyectos como la mencionada Ley de Cultura, la Ley de Audiovisual, el restablecimiento del decreto del Colegio de Costa Rica para la promoción de las Artes Literarias, el mejoramiento en la calidad de las Orquestas de nuestro país al lado de proyectos anteriores que continuamos y fortalecemos como el Sistema Nacional de Educación Musical.

 

Este último es trascendental para el Ministerio pues apuesta por un modelo de desarrollo y bienestar social directamente dirigido a cientos de niños y familias que encuentran en el arte una opción de vida diferente. En este modelo de desarrollo, la educación y la cultura trabajan juntas por el derecho a una vida digna para miles de costarricenses, lo que también contribuye a la paz social del país.

 

Se trata de una revisión de las estructuras de la casa, del replanteamiento y la actualización de conceptos concernientes a la gestión cultural y a la visión de desarrollo y de democracia cultural que creemos pertinentes en esta primera mitad del siglo XXI.

 

Para nosotros, el trabajo en equipo es fundamental. La suma del trabajo de cada uno busca un resultado que es único, que es uno. Del mismo modo, procuramos aunarnos a las gestiones anteriores, si bien en condiciones distintas a las nuestras, con algunas metas similares. Nuestro trabajo es por Costa Rica.

Karina Bolaños Picado Viceministra de Juventud

¡Qué gusto compartir el 40 aniversario del Ministerio de Cultura y Juventud! Compartir en este caso con el pueblo de Costa Rica ya que nuestra entidad es para toda la población del país y muy especialmente para las juventudes.

 

Estas cuatro décadas que alcanza la institución se complementan con valiosas celebraciones como son el Año Internacional de la Juventud que culmina en agosto de 2011 y con el remozamiento del impacto visual del Ministerio.

 

El binomio Cultura y Juventud nunca antes estuvo tan visibilizado, tanto por la mirada visionaria del actual Ministro como por la coyuntura de tener en este momento la más alta cantidad de personas jóvenes en toda la historia, siendo ésta la gran oportunidad de que los gobiernos inviertan en juventud en la actualidad, con el fin cimentar el futuro de nuestros países. Me refiero al bono demográfico que, como señalo, puntualiza en la capacidad y potencial de las juventudes como generadoras de desarrollo.

 

Son muchas las razones para celebrar a nuestro Ministerio y les invito a que nos unamos y seamos partícipes de los programas, las actividades y en general de toda la oferta que desde cada área ofrecemos a la ciudadanía.

 

En nombre del Sistema Nacional de Juventud reitero mi complacencia por ser parte de la celebración.

40 Aniversario del MCJ

Laura Chinchilla Miranda Presidenta de la República

La creación del Ministerio de Cultura y Juventud hace 40 años nos dice algo significativo sobre lo que somos los costarricenses.

 

Que un país con necesidades apremiantes decidiera invertir parte de sus recursos públicos a la promoción de la cultura revela un espíritu que trasciende lo cotidiano y lo material, y se eleva en búsqueda del conocimiento que enriquece el espíritu y alimenta la memoria de los pueblos.

Lo sintetizó don Pepe, con esa sabiduría profunda que derivaba de su conocimiento de este pueblo maravilloso, con la inmortal pregunta, "¿para qué tractores sin violines?".

 

El Ministerio de Cultura y Juventud es la cristalización de una aspiración que se manifestó desde temprano de nuestra historia patria.

 

Ya desde 1845, apenas 24 años después de nuestra independencia, se funda la Dirección de Bandas.

 

Emociona imaginar la convicción y sensibilidad de quienes concretaron este proyecto, capaces de entender con tanta claridad la necesidad imperiosa de impulsar desde la esfera pública actividades culturales para el disfrute de los costarricenses. Cuarenta años después el Gobierno ordenó a la Banda de la capital a presentarse todos los domingos en el Parque Central.

 

Es en ese mismo siglo que nace el Museo Nacional, así como el Archivo Nacional y la Biblioteca Nacional. Costa Rica era, ese 1881 en el que vieron la luz estas tres instituciones, un país que apenas se asomaba al mundo.

 

No deja de sorprender que de alguna manera los beneficios de la irrupción costarricense en el comercio internacional se destinaran en gran parte en el desarrollo de instituciones e infraestructura apropiada para espectáculos culturales.

 

La materialización más evidente de esta aspiración por expandir los espacios culturales es sin duda el Teatro Nacional. Ya desde 1850 la pequeña San José contaba con el llamado Teatro Mora, lugar por el que desfilaron artistas internacionales, al igual que lo hicieran por el Teatro Variedades, fundado en 1891.

 

Pero es la construcción de nuestro Teatro Nacional, en medio de una villa de apenas 19.000 habitantes, la que de alguna manera constituye un punto de inflexión. Hablamos de un país en construcción, con grandes necesidades en ámbitos básicos de la vida nacional. ¿Cuán fuerte puede ser esta inclinación cultural para que ese pobre país decidiera imponer un impuesto a la exportación de café para financiar la construcción de un Teatro que desde ese momento se convirtió en motivo de un profundo orgullo para toda la población?

 

Otro hito en la historia cultural, quizás el que mejor nos retrata como pueblo, es la decisión de convertir el antiguo cuartel Bellavista en la sede del Museo Nacional, en el mismo momento en el que se abolía permanentemente el ejército. Paz y cultura, como valores definitorios de nuestra nacionalidad.

 

Los esfuerzos que el país hacía en el ámbito del desarrollo cultural confluyeron en la fundación del Ministerio de Cultura y Juventud, hace ya 40 años. A partir de ese momento, el país ha llevado a cabo un esfuerzo sostenido por promover la actividad cultural. Hablamos de la creación de instituciones emblemáticas como las Orquestas Sinfónicas Nacional y Juvenil, el Coro Sinfónico Nacional, el Centro Costarricense de Producción Cinematográfica, la Compañía y el Taller Nacional de Danza, la Compañía y el Taller Nacional de Teatro, los Museos de Arte Costarricense y de Arte y Diseño Contemporáneo y el Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural.

 

En los cuarenta años del Ministerio de Cultura y Juventud, debemos rendir homenaje a todos aquellos que han hecho su aporte para el engrandecimiento de la actividad cultural. No solo a los artistas, sino a quienes desde puestos técnicos, administrativos y políticos han trabajado incansablemente en el Ministerio para que todos nosotros, los espectadores que podamos maravillarnos en el concierto, en el teatro, en la exposición. Imposible no mencionar la democratización de la actividad cultural que el Ministerio ha provocado en el país. Lo que hasta hace 40 años era algo que solo disfrutaba un grupo reducido de personas, es ahora una parte integral de la vida cotidiana de la gente. Lo que era antes algo limitado al Valle Central, se ha desparramado por todos los rincones del país.

 

Estos cuarenta años han sido fructíferos, de lo que nos hemos beneficiado todos. Estoy segura de que el Ministerio de Cultura y Juventud tiene el compromiso y la convicción de seguir cada día honrando esa tradición de apoyo a la cultura de la que, como pueblo, nos sentimos tan orgullosos.

 

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