Un vistazo histórico (*)

 

Fernando González apoya la idea del historiador cartaginés Franco Fernández al indicar que “La Puebla de los Pardos”, comunidad cartaginesa, fue el primer sitio en que hubo un antecedente de “mantudos” o “payasos”, en Costa Rica. Fernández dice que como parte de la fiesta colonial taurina  algunos “vecinos de condición humilde vestían ridículos disfraces (especialmente de animales) quienes bailaban y correteaban en el público antes de dar inicio a la corrrida.

 

Este tipo de celebraciones se desarrollaban, sobre todo, en torno a fiestas religiosas. Una muy importante era la pasada solemne de la Virgen de los Angeles, que se estableció en 1782 por el obispo de Nicaragua y Costa Rica, Esteban Lorenzo de Tristán. González también cita a Mario Sancho, cronista de Cartago, quien recuerda que en las fiestas en honor a la Virgen había paseos de máscaras a medio día “con el diablo, el gigante y la giganta como figuras principales, toros en la tarde y fuegos artificiales en la noche”. Estas fiestas, llamadas “agostinas”, empezaron en la segunda mitad del siglo XIX y se realizaron hasta la década de 1980, cuando entraron en decadencia.

 

En este tema hay dos familias de gran tradición en Cartago: los Freer y los Valerín. Rafael Angel Lito Valerín confeccionó máscaras hasta 1910, cuando se destruyó Cartago. A su muerte, dejó su ”herencia mantuda” a su hijo Jesús Valerín. Este se dedicó profesionalmente a la confección de mascaradas. Al respecto, Fernando González aclara: “ya en su adultez le vendió moldes y mantudos a Pedro Freer, quien se encargó de colonizar nuestros pueblos con sus mascaradas, fue así como se extendieron por Alajuelita, el Llano de Alajuela, Santa Cruz, etc.”

 

De acuerdo con Giselle Chang, entre los poblados donde actualmente viven mascareros, se pueden mencionar: Aserrí, Barva, Desamparados, San Lorenzo de San Joaquín de Flores, San Antonio de Escazú, Tres Ríos y Palmares. En cada uno de ellos el conocimiento se ha pasado de una generación a otra al interior de las familias dedicadas al oficio. Chang describe la elaboración de los mantudos de la siguiente forma: “para confeccionar los mantudos, los materiales utilizados son arcilla, tela, alambre, cartón y papel. El proceso de elaboración casera de las mascaradas populares tarda aproximadamente tres semanas y comprende los siguientes pasos: moldear la imagen en barro o tierra arcillosa; secarla al sol, pegarle varias capas de papel engomado; volverla a secar durante varios días, quebrar el molde de barro; recubrir la máscara con una mezcla de papel y harina; volverla a secar; lijar las asperezas y finalmente, pintarla con colores vistosos”.

 

Los personajes de las mascaradas representan tanto animales como personas. Existen los más tradicionales, como el Gigante, la Giganta, la Bruja, el Diablo, la Calavera, la Segua, el Cadejos, el Mechudo y el Policía. A ellos se unen personajes nacidos de la influencia de la televisión (como los de Disney), superhéroes, o bien figuras públicas o mascotas deportivas.

 

Dentro de los esfuerzos más recientes por conservar la tradición, se encuentra la conmemoración que efectúa el Colegio Universitario de Cartago (CUC), desde el 2000, DEL Día Nacional de la Mascarada Costarricense. Esta efeméride nació en 1996, según el Decreto Ejecutivo No.25724.

 

(*) Toda la información que aquí se menciona se tomó del libro Máscaras, mascaradas y mascareros, de Giselle Chang Vargas, publicado por el Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural, del MCJ, en el año 2007. La obra está disponible en el Centro de Documentación del Centro de Patrimonio, ubicado en el Cenac.

 

Oficina de Prensa MCJ/Consecutivo 313  /MHB / 15 octubre de  2009

 

 

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